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Conservación
de energía
en viviendas
y edificios
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Por
Rodolfo Fernández
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Alfredo Carella.
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ESSO y la conservación de energía
Buenos Aires,
circa 1981.
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Índice
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Nota: Esta publicación fue digitalizada de una antigua ficha de divulgación fotocopiada de la cual no se conocen otras referencias. Es
un trabajo que explica de manera clara, amena y muy bien ilustrada los conceptos básicos sobre el uso racional de la energía URE.
Solo se han incorporado algunas notas aclaratorias. Se intenta rescatarlo del olvido para uso de
docentes y alumnos ya que continúa vigente al haberse hecho poco o nada en la Argentina para implementar efectivamente el URE y
ahorro de energía a más de dos décadas de realizado este artículo.
Por otra parte las imágenes y contenidos conceptuales de este trabajo los conocí
a fines de 1984 cuando el equipo encabezado por el Prof. Arq. Elías Rosenfeld
dio un curso en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de La Plata mientras
cursaba el cuarto año de la carrera. Entre los expositores se encontraban las
Arqs. Olga Ravella y Susana Finkelievich, el Arq. Carlos Ferreyro, el Ing. Mec.
Carlos Díscoli y el Lic. en Física Jorge Guerrero. Un agradecimiento y homenaje
a los que me introdujeron a partir de ese curso en un tema que no creo pueda
abandonar. |
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Arq. Jorge D. Czajkowski
Profesor Titular de Instalaciones
Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UNLP.
www.arquinstal.net
La Plata, marzo 2002.
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PERO, ¿ES ESTO NECESARIO?
Desde hace pocos años, cada vez que leemos el diario, aparece alguna noticia relacionada con el
petróleo, con la generación de electricidad, la inauguración de una nueva central hidroeléctrica o la
realización de obras nucleares.
Día tras día, un inexorable bombardeo de noticias y slogans publicitarios, nos es lanzado desde el
televisor, la radio, los diarios. Todo parece apuntar a la energía.
Esta trascendencia está dada porque sin energía las casas estarían a oscuras, las industrias no
producirían, los automóviles permanecerían inmóviles En resumen, la vida tal como la conocemos
sería imposible. Hoy, para el bienestar que nos brinda la electricidad y los medios de transporte por
ejemplo, debemos gastar grandes cantidades de energía, proveniente del petróleo, en primer lugar,
y de las represas hidroeléctricas en segundo término.
Nuestra civilización se caracteriza por su enorme consumo de energía. El hombre primitivo, aquel que
vivía en las cavernas, no tenía más que la energía de sus músculos. El alimento que comía le proveía
de las calorías necesarias para caminar, correr y realizar tareas múltiples. Durante su evolución, el
hombre de las cavernas inventó algunas herramientas y con ellas alivió sus labores, Siglos más tarde,
incorporo; al trabajo animales como el caballo y el buey. Con ellos, pudo disponer de más fuerza y por
lo tanto, por primera vez, contó con fuentes externas a su cuerpo.
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Fue éste un extraordinario descubrimiento porque le permitió conocer los beneficios de disponer de
grandes cantidades de energía.
El siglo pasado puso en funcionamiento la máquina de vapor, que le entregaba una cantidad de fuerza
muy superior a la de los animales de carga. Desde entonces a la actualidad no se ha interrumpido la
carrera tecnológica para poner en marcha fuentes que ofrecen más energía a menor costo. El hombre
llegó así a domar el átomo poniéndolo a su servicio en centrales nucleo-eléctricas.
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LOS COMBUSTIBLES
Hace muchos siglos, el hombre descubrió el fuego y al quemar leña liberó la energía que contienen los
vegetales. Aprendió luego a elaborar el carbón vegetal, con lo cual se apropió de un factor de confort,
puesto que las brasas de carbón no producen humo, muy molesto si se lo emplea para cocinar en
interiores.

Después del carbón vegetal,
apareció el mineral y una nueva
industria se desarrolló en su
entorno. El carbón mineral tiene, en
términos generales más energía por
kilogramo que la leña o el carbón
vegetal. Dos kilogramos de leña dan
casi el mismo calor que uno de
carbón mineral. Rápidamente, se
comenzó a usar este nuevo
combustible A pesar de que
ensuciaba y dejaba mucho hollín,
evitaba un doble trabajo; buscar y
cortar leña. Al utilizarse la mitad de
kilogramos con igual resultado, su
empleo se masificó.
A principios de siglo, comenzó el
uso del petróleo. Tampoco es una
casualidad que este hidrocarburo se
haya impuesto en tan pocos años. Es líquido y por lo tanto de práctico transporte y almacenaje. Tiene
mayor poder calórico por kilogramo que el carbón. La alimentación de calderas y de otras fuentes
generadoras de calor es más fácil puesto qué puede automatizarse su flujo. La operación de limpieza
de una caldera a petróleo, por ejemplo, es incomparablemente mejor que una a carbón. Es posible
recordar a los fogoneros, esos trabajadores ennegrecidos de pies a cabeza que paleaban el mineral en
las locomotoras y salas de calderas. No es posible pensar en continuar con tareas tan sacrificadas e
insalubres. Estas características llevaron al incremento vertical del consumo de petróleo, que en solo
tres décadas, desplazó totalmente al carbón, en los usos industriales y domésticos
El hombre, con el petróleo, vio facilitado el camino de la evolución hacia comodidades cada día
mayores. Las naciones, crecieron haciendo uso de sus bondades. La calidad de vida se fue
acrecentando hasta llegar al que hoy posee. Pero este ascenso se realizó sobre la base de consumos
cada año mayores, hasta que los consumos se transformaron en abusivos.
Los depósitos subterráneos de petróleo tienen capacidad limitada. Sin embargo la extracción se realizó
como si fueran inagotables. Grave error. Un día, al perfilarse su escasez, los países que guardan en
sus entrañas el preciado mineral comenzaron a pedir más y más dinero por su petróleo. Su precio
comenzó a inflacionar la economía. Mientras que desde 1900 hasta 1970 prácticamente fue constante
entre 1970 a 1980 es decir en solo 10 años se multiplicó por 25. En 1970 un barril de petróleo costaba
1,40 dólares, hoy cuesta entre 32 y 41 dólares.
Una escalada escalofriante. Esta inflación aparentemente sin fin ha producido un descalabro en la
economía de las naciones que dependen de las importaciones de crudo. Estos países tienen que pagar
cada día más dinero por la misma cantidad de energía.
El petróleo tiene corta vida. Según datos ,de los países exportadores las reservas alcanzan solo para
3.5 años en todo el mundo. (Nota: estas son
cifras de la década del setenta que han variado significativamente en la
actualidad debido a la reconversión tecnológica del sector consumidor y el
desarrollo de nuevas tecnologías de exploración, prospección y extracción del
petróleo que han modificado el escenario. En la Argentina en los últimos 15 años
paso de ser un pais que se autoabastecía de petróleo a ser un exportador de
hidrocarburos por más U$S 1200 millones en 2001. El sector automotor se
reconvirtió al GNC (gas natural comprimido) y las redes de gas natural alcanzan
ya al 65% de los 10 millones de hogares. Todo esto hace que sea difícil
establecer un escenario cierto de la duración de los hidrocarburos. JDC 2002)
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AHORRAR ENERGÍA
Pero, ¿se puede ahorrar? Por supuesto. Desde que se inició el desarrollo tecnológico de este siglo, se
hicieron las cosas sin pensar demasiado en los hidrocarburos que se gastaban. ¡Total, eran tan baratos!
Pero ahora, las reglas del juego son muy diferentes. Ha llegado la hora de un nuevo desafío a la
imaginación creadora y al ingenio. Hacer lo mismo que hasta ahora pero consumiendo menos.
Estarnos en los umbrales de una nueva revolución, la de la eficiencia. A tal fin se deben reconvertir
todos los procesos industriales, las maquinarias, los edificios, en otras palabras todo aquello que, de
una u otra forma consume energía. En particular, poner énfasis en los ahorros de energía en viviendas
y edificios.
Toda vivienda o edificio es diseñado y construido para tener como mínimo, una vida de alrededor de
treinta años, o sea, una vivienda construida hoy durará más allá del límite de agotamiento del
petróleo. Permanentemente, se levantan viviendas que nada tienen que ver con la época en que
vivimos. Edificios donde, dentro de unos años será imposible poder pagar los consumos de calefacción
y refrigeración, están pensados para la era de la energía barata, donde una caldera o estufa más o
menos grande a nadie le importaba, edificios que llevan consigo una auténtica crisis.
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LA VIVIENDA CONFORTABLE
Cuando éramos hombres primitivos nuestra piel, se cubría de espesa pelambre para protegerla de las
inclemencias del clima. Muchos siglos han transcurrido y es costumbre universal protegernos del
clima con una construcción que llamamos casa. Lo que diremos sobre ella será válido para los edificios
de oficinas o industriales. En todos ellos, el objetivo es la búsqueda de un refugio que nos mantenga apartados,
separados del clima . Es inconcebible una vivienda que no nos proteja, que no mantenga una cierta
temperatura y humedad constante. Todos protestamos cuando nos vemos obligados a trabajar o vivir
en un ambiente demasiado caluroso o demasiado frío, en un ambiente que no tenga diferencia
respecto al aire exterior.
"Mi casa es un nidito"
expresamos cuando, en
invierno nuestro hogar
permanece caldeado y afuera
hace frío. Inversamente,
decimos que nuestra casa u
oficina es una "frescura",
cuando en el exterior los
demás se achicharran. El
concepto de confort,
entonces, está ligado al de
constancia de la temperatura
interior de la vivienda y al
de independencia de la
temperatura exterior.
Por supuesto que esa sensación dependerá además de factores subjetivos, tales corno el tipo de
actividad que desarrollamos, el mobiliario que nos rodea, etc. El objetivo del diseño y construcción
de un edificio es, por lo tanto, dar satisfacción plena a las diversas de los ocupantes entre ellas las
ambientales. Es entonces prioritario diseñar o reacondicionar estas construcciones con un nuevo
criterio. Hasta ahora, poco se ha dicho en la Argentina sobre este tenia. Trataremos de dar algunas
pistas para la solución de la tan intrincada cuestión.
¿Por qué tanta insistencia en el confort? . Porque de todos los factores es éste el que mayores consecuencias tiene
sobre los consumos de energía. Una casa dentro de la cual hace frío mientras afuera hace calor, es la
antítesis de lo que llamaríamos el ideal de casa. Sin embargo, los últimos años, es fácil observar cada
vez con mayor frecuencia cómo las casas y edificios se construyen contra este criterio, haciendo
prevalecer la belleza del diseño sin pensar en los gastos que se ocasionarán a los futuros habitantes.
Total, la energía era barata. Pero esto se acabó. Ahora la energía cuesta y mucho. Hay casas y edificios
donde los habitantes sufren frío porque los costos de calefacción son prohibitivos.
¿Es necesario llegar a tales sacrificios?
No.
Es suficiente con ejecutar sólo algunas medidas y los consumos de combustibles de nuestros edificios
y casas serán reducidos a la mitad o menos. Eso sí, habrá que olvidarse de basar todo el confort en la
calefacción o el aire acondicionado. La casa deberá ser diseñada o convertida en una construcción que
conserve la energía.
Para esto, consideraremos algunos conceptos sobre el
comportamiento del cuerpo humano ante el clima. Nuestro
cuerpo es sensible a los cambios de temperatura, humedad,
radiación y viento. La temperatura normal del cuerpo es de
37º Centígrados. Cuando enfermamos, la temperatura se
eleva hasta llegar a límites de 41º o 42º donde se hace
peligrosa. Nuestro cuerpo es muy sensible a los aumentos de
su temperatura interior. Tan sólo 5 ó 6 grados más de lo
normal pueden causar la muerte.
El cuerpo humano tolera aún menos las bajas temperaturas,
pues con 35ºC el hombre comienza a sentir somnolencia
hasta caer en un profundo letargo. Sentado en una
habitación, la sensación de satisfacción ambiental dependerá
de la temperatura del aire, que se considera adecuada si se
encuentra entre 18ºC y 26ºC. Entre esos límites, el cuerpo se
encuentra ,bien si se viste ropa no muy pesada y se cumple
una actividad liviana.
La humedad relativa, "que siempre tiene la culpa de todos
nuestros malestares", es la menos culpable. La tolerancia a su
variabilidad es grande: desde 20% a 75%. Claro que un día con un 90% de humedad relativa barre con
todos los buenos recuerdos y tolerancias.
Nuestro cuerpo es muy sensible a los cambios en la radiación que recibe, por ejemplo, desde el sol. Si
la temperatura es inferior a 18ºC, pero hay buen sol y nos colocamos bajo su protección comenzamos
a sentir de inmediato que nuestra sensación de confort aumenta. No en vano tantas generaciones de
jubilados toman el solcito en las plazas. El sistema de calefacción conocido como losa radiante o el de
radiadores, utiliza el principio de irradiación para alcanzar una temperatura agradable.
Así como una persona se siente bien cuando está al sol en un día de frío, lo contrario es también cierto.
El sol es muy molesto cuando la temperatura del aire es alta. En consecuencia, una habitación donde
entra el sol en invierno es confortable. En verano ocurre lo contrario. Esta habitación actúa como un
elemento conservador de energía.
La humedad relativa es altamente molesta cuando se combina con los extremos de temperatura. Una
habitación con 30ºC y 80% de humedad relativa ofrece un ambiente muy molesto. Si aumentamos la
temperatura sin bajar la humedad, transformaremos la habitación en un baño turco, con el peligro del
golpe de calor, enfermedad producida por combinación de alta temperatura y humedad.
A la inversa, las altas temperaturas con muy baja humedad pueden provocar peligrosas insolaciones.
Existen límites muy bien trazados por sobre los cuales es casi imposible el desarrollo de cualquier
trabajo. Se trata de la zona por arriba del 80% de humedad relativa y 35ºC o 25% y 45ºC. A mayor
temperatura se necesita más humedad y a menos temperatura, menos humedad.
 
Si la temperatura es superior a lo deseable, el cuerpo comienza a transpirar, enfriándose por medio
de la evaporación. Pero, para evaporar adecuadamente, es necesario poseer buena ventilación, otro
factor más que se agrega al complejo confort.
En un clima muy húmedo, es deseable contar con mucha ventilación para evaporar rápidamente la
transpiración. Sabemos lo desagradable que puede ser un ambiente cerrado y húmedo en pleno
verano.
Todos estos datos y descripciones sobre el confort de las casas, tienen condicionantes muy grandes
en la edad, sexo y vestimenta del ocupante, Los varones soportan uno a dos grados menos de
temperatura que las mujeres. En invierno, las mujeres necesitan más temperatura y en verano menos.
Igualmente, a medida que avanzamos en edad, se necesita mayor temperatura en invierno y menor
en verano. la ropa hace variar mucho la temperatura necesaria en una habitación. De modo general,
sabernos que vestidos con ropas muy abrigadas, soportamos temperaturas más bajas durante un largo
tiempo.
Definimos entonces un triángulo del confort, con vértices colocados en 20% y 75% de humedad
relativa y temperaturas ambientales de 18ºC y 26ºC. Pensamos en los extremos: desarrollar una
actividad física intensa en un galpón de chapa al sol con 40ºC y 75 % de humedad, parece realmente
incómodo. Sin embargo, ¡cuántos edificios fabriles se han construido así!. El confort dentro de tal
edificio solamente se puede restaurar si se coloca aire acondicionado, con el cual se deberán gastar
impresionantes cantidades de electricidad, para eliminar un defecto que pudo ser corregido al
construirse el local. El camino es exactamente el opuesto: deben diseñarse edificios adaptados al clima
y a la actividad a desarrollar en ellos.
El hombre se ha desarrollado mejor en estrecho contacto con la naturaleza. Un edificio del tipo
"coraza" que aísle totalmente del entorno es dañino, no sólo desde un punto de vista energético, sino
también médico.
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LOS MECANISMOS
Cuando hablamos de ahorro de energía, nos referimos al ahorro de los combustibles que generan esa
energía.
En un edificio, la energía se consume de varias formas, pero fundamentalmente en calefacción,
refrigeración e iluminación. De los consumos mencionados, el primer puesto lo ocupa la climatización
de ambientes. la iluminación reviste importancia pero únicamente en los edificios para oficinas.
Los artefactos domésticos tales como lavarropas, heladeras, etcétera, tienen también bajos consumos.
Un lugar aparte merece la televisión. ¿Por qué? Por el gran número de horas de funcionamiento. Suele
ser común tener encendido el televisor durante 8 horas, con un consumo equivalente a 4 horas de
planchado de ropa.
Un fenómeno generalizado en la naturaleza es el de hacer circular la energía desde los lugares más
calientes a los más fríos. En tal caso decimos que hay un flujo de calor. Jamás ocurre lo contrario. Una
habitación se enfría si el ambiente externo está más frío y se calienta sí la temperatura externa es
superior.
El calor circula desde los lugares de mayor temperatura a los de menor temperatura.
La energía contenida en un lugar caliente que se está enfriando, se pierde de tres formas posibles. En
primer lugar, los materiales calientes en contacto con materiales más fríos les pasan el calor de tal
modo que los materiales calientes se enfrían. Este es un fenómeno de contacto, donde los materiales
necesitan tocarse para que ello ocurra.
La velocidad con que un material pierde calor, depende de su conductividad, una propiedad que tiene
cada material en particular. Hay materiales que conducen más que otros. los metales son mucho más
conductores del calor que los materiales de construcción.
Cuando una superficie está caliente, el aire en
contacto con ella se calienta por conducción, como
explicamos antes. Pero como el aire tiene la
posibilidad de moverse y elevarse, esta capa
caliente en contacto con la pared se desprende y se
lleva el calor con ella hacia lugares más fríos,
donde en contacto con aire de menor temperatura
le pasará el calor, se enfriará y se iniciará un
proceso de convección del aire. De esta forma, se
produce el enfriamiento convectivo natural de una
pared, techo u otro elemento: caliente y en
contacto con el aire.
Existe otro tipo de enfriamiento convectivo aquel
en el cual el aire circula forzado sobre el material
caliente. Es la convección forzada, que por hacer
circular el aire más rápidamente traslada más
energía que el proceso natural.
Cuando el viento sopla sobre una superficie, la masa de aire que pasa sobre ella se está llevando el
calor de la superficie, siempre y cuando ésta esté más caliente que el aire. Si es a la inversa, el aire se
enfría y la superficie se calienta.
Un techo al sol se calienta al recibir radiación solar y se enfría al circular aire sobre él. Una cuchara con
sopa caliente es enfriada soplando sobre ella; haciendo circular viento sobre la sopa.
El tercer proceso de transporte de energía a distancia es por radiación. La luz del sol nos llega desde
muy lejos; entre el sol y la tierra no hay materia alguna que sirva de medio de transporte, tal como en
los dos procesos antes descriptos. Es que la luz del sol es una onda electromagnética que puede viajar
en el vacío y lo hace a gran velocidad, la de la luz. Se, puede comprobar que todo cuerpo emite ondas
y que estas ondas llevan consigo cierta cantidad de energía. Es lo que se conoce como irradiación.
Cuanto más caliente está un cuerpo, más energía es capaz de irradiar. Si la temperatura es
suficientemente alta, alrededor de 6.000ºC -como el sol- entonces las ondas irradiadas se pueden ver
y las llamamos luz. Todos los cuerpos sobre la superficie terrestre emiten o irradian ondas llamadas infrarrojas. Hay varios tipos de ondas infrarrojas, dependiendo la potencia y cantidad de energía que
transportan y de la temperatura del cuerpo que las emite la calefacción por infrarrojo, esas placas tan
comunes que se ven en las paredes, emiten un infrarrojo muy poderoso, pues proviene de una fuente
de alta temperatura.
La energía solar, en consecuencia, es una clase de energía que se transporta por radiación desde el sol.
Las ondas de radiación pueden ser absorbidas, tanto más fuertemente cuanto más oscura o cercana
al negro es la superficie. A nadie se le ocurriría ponerse ropa negra para pasear bajo el sol de verano.
En cambio el blanco es todo lo contrario, produce un rechazo, un reflejo de la luz del sol. Para un día
de verano, lo mejor para pasear al sol es vestir con ropa blanca. Hay otros colores muy reflectantes del
sol, como el plateado y el oro.
Los colores claros son buenos para climas cálidos, los oscuros para los fríos. Cuanto más oscuro es un
color más absorbe la energía del sol. Esto vale también para la energía proveniente de radiación
infrarroja. Además de los colores, hay elementos que absorben luz o cierto tipo de radiación. El vidrio
es sumamente curioso en su comportamiento pues deja pasar la luz del sol pero no el infrarrojo. En
consecuencia, en toda ventana se produce un efecto caracterizado por el pasaje de luz y el no pasaje
de infrarrojo. El vidrio impide, así, que la emisión de calor de paredes y pisos se vaya por la ventana
a través del vidrio. Si la habitación se ha calentado porque entró sol, no se podrá enfriar por
irradiación desde adentro hacia afuera mientras la ventana permanezca cerrada.
Otro efecto muy conocido, es el de los autos
colocados al sol y totalmente cerrados. Esta
situación causa más de un disgusto, pues al
volver al auto, el desprevenido conductor
generalmente no puede tocar, sin
quemarse, el volante y menos aún, sentarse.
Se ha producido un efecto invernadero. la
radiación del sol ha sido absorbida en los
asientos y carrocería y no pudo ser remitida
enfriando el auto, pues las ventanas estaban
cerradas impidiendo el paso del infrarrojo.
Además, los vidrios también impiden el
paso del viento, con lo cual el enfriamiento
por convección forzada no se produce.
Además de absorber la luz del sol y la radiación infrarroja, los materiales tienen otra propiedad, la de
almacenar calor.
Sabemos perfectamente que en toda vivienda o edificio se produce una carga de energía durante las
horas en que el sol penetra a través de las ventanas o se proyecta sobre las paredes.
Esa energía, acumulada durante las horas de sol, es irradiada hacia el interior de la vivienda y hacia
el exterior cuando el sol se pone. La radiación producirá un efecto calefaccionador. Ese mismo efecto,
en verano, es indeseable y producirá un recalentamiento del ambiente.
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GANANCIAS Y PERDIDAS DE CALOR. LOS MATERIALES.
Si las leyes físicas dicen que los flujos de calor van de lo más caliente a lo más frío, es inevitable
concluir que en el invierno las habitaciones tienden a perder calor desde adentro de la casa hacia
afuera y en verano a ganar calor de afuera hacia adentro. La calefacción se inventó para calentar
ambientes cuya temperatura era demasiado baja para vivir con confort; en consecuencia se logró
inyectar calor con una estufa para que la temperatura subiera a niveles agradables. De igual manera,
el aire acondicionado fue creado para extraer calor de un ambiente demasiado caluroso.

Vamos a introducir el concepto de velocidad de la pérdida de calor. Una habitación puede perder
energía desde adentro hacia afuera y hacerlo lenta o rápidamente. Esto dependerá de los materiales
con que esté construida, de la temperatura interna y de la externa. No es lo mismo hablar de la
Patagonia que de Buenos Aires o Formosa. Los inviernos en el sur, son muchos más crudos y las casas
pierden energía más rápidamente. A menor temperatura exterior mayor pérdida de energía.
Desde el punto de vista del ahorro, la temperatura interna de una casa deberá ser de alrededor de
18ºC. Parecerá baja, no obstante es suficiente para mantener el confort del ambiente.
De ahora en más consideramos que todas las casas ahorrativas tienen una temperatura de 18ºC.
Mayor
temperatura significa automáticamente más gasto.
De igual forma, fijaremos para verano, una temperatura de ahorro de 27ºC en el interior de las
viviendas y edificios. Si dos viviendas están colocadas en el mismo lugar y una de ellas necesita más
calefacción que la otra, es que tiene mayores pérdidas de calor.
En toda habitación, las pérdidas se producen a través de las paredes, techos y ventanas por
conducción del calor hacia el aire frío exterior. Además, todas las puertas y ventanas tienen rendijas
por donde se infiltra aire frío, que hace bajar la temperatura del ambiente.
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LAS PAREDES Y LOS AISLANTES
Las pérdidas de calor a través de la mampostería, son significativas cuando los materiales con que está
construida la vivienda son muy livianos. El caso extremo es el de las casas de chapa, donde las
pérdidas de calor son muy superiores. En cuanto al consumo, estas viviendas serán las más costosas.
Los materiales de construcción como el ladrillo y el
hormigón, son buenos elementos para retención de la
energía dentro de la habitación, siempre que tengan un
espesor adecuado. Las paredes exteriores construidas con
muy poco espesor, 10 ó 15 centímetros, causarán
inevitablemente un gran consumo de combustible. El
espesor más común con que se construye una pared, es de
30 cm. Esta pared tiene buenos valores de conductividad,
aunque a medida que los combustibles se encarecen
comienza a ser necesario disminuir aún más las pérdidas,
para lo cual habrá que recurrir a ciertos artificios.
Las casas de antes, se hacían con paredes de 45 cm o más.
Actualmente, construir semejante pared tiene un costo
muy alto. Pero se pueden usar aislantes, elementos de
baja conductividad y por lo tanto bajas pérdidas, además
de razonable costo.
 Los aislantes utilizan el aire encerrado en pequeñas celdas para evitar el paso
del calor. El aire es un mal conductor del calor. Las aislaciones, al contar con
cientos de pequeñas burbujas de aire encerrado en ellas, aumentan y
magnifican el efecto no conductor del aire. Así, una pared con cámara de aire,
baja los consumos de energía. En una pared aislada no es necesario llevar el
espesor del aislante a valores muy altos para bajar mucho las pérdidas de
calor. Una pared de 30 cm dividida al medio con una cámara de 5 cm de
aislante, por ejemplo, tiene una pérdida que es la tercera parte de la de una pared maciza de 30 cm de
ladrillo. Si llevamos aislación a 10 cm disminuimos las pérdidas en un 25 % adicional.
La aislación es particularmente importante en los techos, puesto que esta zona de los edificios está
fuertemente sometida a la acción del sol y el viento.
Lo que decimos para las pérdidas es también válido para las ganancias, de calor en verano.
En la República Argentina, a medida que se progresa hacia el sur, mayor tendrá que ser el espesor de
aislante a colocar en paredes y techos. En las regiones calurosas, el aislante será también importante
para evitar el recalentamiento de las habitaciones con muros y techos expuestos al sol.
Existen vanos tipos de aislante: Lana de vidrio, espuma rígida, lana mineral y otros en forma de
espumas que se colocan en el lugar. No haremos hincapié en ninguno de ellos. Cabe decir, tan sólo,
que el uso de aislantes es uno de los mejores caminos para bajar los consumos de combustibles.
En todos los casos de colocación de aislaciones, se deberá tener especial cuidado con el fenómeno de
la condensación, que ocurre siempre que hay aire húmedo, como el existente dentro de las viviendas,
en contacto con una superficie fría. En ese lugar se forma una película de agua tanto mayor cuanto
más húmedo es el aire y más grande la diferencia de temperatura con el exterior.
 
Las aislaciones pueden ser colocadas en el exterior de las paredes o en el interior. En caso de una
vivienda o edificio ya construido, en general es más fácil ubicar los aislantes en el interior.
Sin embargo, desde el punto de vista térmico es óptimo colocarlos en el exterior. Así los efectos
aislantes son más pronunciados. Claro que esto es sólo posible cuando la construcción se está
levantando.
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LOS VIDRIOS
El material siguiente en importancia dentro de un edificio es el vidrio. Las ventanas se recubren de
vidrio para que no penetre en las habitaciones el viento y con él polvo y suciedad. Al mismo tiempo,
los vidrios permiten la visión y el pasaje de luz imprescindible para la iluminación natural de los
ambientes.
De todos los elementos de una vivienda, el vidrio es el que mayor pérdida térmica tiene ya que
equivale a tres veces la de una pared de 30 cm de espesor. Es necesario entonces, estudiar muy
cuidadosamente la cantidad de vidrio a colocar en una vivienda, pues está directamente relacionada
con las pérdidas de energía y de dinero. La superficie de vidrio deberá ser, desde el punto de vista
del ahorro de energía, la necesaria para una buena iluminación y ventilación naturales al abrirse las
ventanas. No más que esto. Los edificios con enormes muros de vidrio reemplazando a las paredes, son verdaderos monstruos consumidores de energía. Exactamente van a gastar tres veces más que uno
normal y seis veces más que uno convenientemenente aislado. Esto puede ser mucho dinero. Así como el
vidrio pierde energía, también la gana. Cuando el sol pasa a través de vidrio y entra en un ambiente
en verano el efecto puede ser desagradable pues introduce calor extra en el ambiente. Deberemos en
consecuencia evitar la penetración del sol en verano mediante un adecuado diseño de los aleros de
protección de las ventanas y la orientación de ellas. En invierno, las ventanas causan pérdidas de
energía durante las horas en las cuales no entra sol, pero ganan energía cuando penetra en la
habitación.
 
El sol es energía pura que evita el gasto en calefacción. Una vivienda con locales bien orientados y con
ventanas recibiendo sol durante varias horas al día, puede disminuir enormemente, su consumo de
combustible. Por cada 2 metros cuadrados de ventana, el sol aporta en Buenos Aires el equivalente al
calor generado por un metro cúbico de gas. Una habitación de 3 x 3 metros construida con paredes
aisladas, y con una buena ventana al norte no necesita calefacción alguna en las horas de sol, aunque
la temperatura externa sea 0ºC. Ese mismo sol acumulará en paredes y techo suficiente energía para
que las necesidades de calor en horas nocturnas sean menores, pues la energía acumulada en la
mampostería se re-irradia al interior de las habitaciones contribuyendo a la calefacción.
En verano ese calor almacenado puede ser perjudicial y hay que evitarlo; los aleros que permiten sol
en invierno y no en verano, son fáciles de construir.
En edificios de oficinas generalmente el sol es un inconveniente pues a mucha gente le molesta trabajar
con sus rayos sobre el escritorio. En este caso es recomendable cubrir las ventanas con una película
protectora altamente reflectante de la luz solar o con vidrios que posean ,esta propiedad. Si la
edificación es nueva, se pondrán vidrios tratados especialmente, que incorporan el elemento reflector
al material.
En regiones muy frías donde las temperaturas de
invierno se encuentran con frecuencia por debajo
de los 0ºC es aconsejable recurrir al vidrio doble en
las ventanas. Este vidrio adicional reduce las
pérdidas a la mitad. Se puede incluso dar el caso de
regiones tan frías en las que sea necesario llegar al
vidrio triple.
En aquellos lugares donde en invierno es común
tener -10ºC o menos, no conviene pensar dos veces;
sale más barato poner doble vidrio que pagar el
combustible gastado de más.
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LAS INFILTRACIONES DE AIRE
Hemos hablado de los materiales
aislantes constituyentes. Este es en
realidad sólo un aspecto del tema. De
todas las posibilidades que tiene una
construcción para ganar o perder
energía, la más importante es la
infiltración de aire en rendijas de puertas
y ventanas. El aire frío invernal penetra
en las habitaciones y enfría el aire por
mezcla. En verano, el aire caliente eleva
la temperatura interior.
Para vivir en un ambiente es necesario
que este sea ventilado adecuadamente.
Pero, la cantidad de aire infiltrada es casi
siempre muy superior a la requerida para
ventilación. Además de las ventanas y
puertas, toda abertura es responsable de
las infiltraciones de aire en una casa,
como sucede con las aberturas de
calefones y termotanques, chimeneas,
ventilaciones de baños, etcétera. El
espectro es amplísimo. Pero todas ellas
tienen en común la existencia de una
comunicación entre el interior y el
exterior.
El viento aumenta este efecto, al ejercer
presión o succión sobre las aberturas. Por
lo tanto, se debe evitar toda abertura
sobre una fachada en la cual prevalezca
el viento, como por ejemplo las fachadas
sur y sudeste en Buenos Aires. Si es
necesario tener aberturas en estas
fachadas, hay que tratar de colocar una buena carpintería de doble contacto y burletes.
Los burletes colocados en aberturas presuntamente responsables de las infiltraciones de aire, son tan
útiles como los vidrios dobles o los aleros para evitar pérdidas y ganancias de calor.
Existen en plaza excelentes materiales, por ejemplo, adhesivos flexibles que sin mucho gasto ponen
en condición de estanqueidad las rendijas existentes. Cuando más alta se encuentra una ventana, más
presión ejercerá el viento sobre ella y mayor será la infiltración; por lo tanto, deberán ser colocados
mejores burletes. La calidad de la carpintería de cerramiento en ventanas y puertas es decisiva; más
de una casa o edificio se hace inhabitable por la simple razón de haberse construido con carpinterías
donde se puede pasar hasta un dedo entre el marco y el bastidor. El costo inicial es mucho menor, pero
los costos acumulados de funcionamiento tal vez cubran, en veinte años, el dinero exigido para
construir tres edificios similares.
Un párrafo especial merecen los hogares o chimeneas, elementos visualmente muy atractivos aunque
productores de verdaderos desastres desde el punto de vista del ahorro de energía. Una chimenea a
leña, cuando está prendida, generalmente calefacciona un ambiente y congela los restantes. El efecto se produce porque la combustión genera un tiraje de aire desde el interior al exterior, aire que viene
desde las habitaciones aledañas. Este aire es introducido por las rendijas de las ventanas y puertas del
exterior, con lo cual esas habitaciones sufren una gran pérdida de energía. Se produce un efecto
contrario al deseado. Para evitarlo, habrá que cubrir la boca de la chimenea con un vidrio o tomar el
aire de combustión del exterior. Debe guardarse la precaución de cerrar de noche el tiraje de la
chimenea después de apagar el fuego.
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CONSTRUCCIONES QUE CONSERVAN Y AHORRAN ENERGÍA
Para el ahorro y
conservación de la energía, el camino correcto es dividir el problema en dos
partes: construcciones existentes y por hacerse. Ahorrar energía en una vivienda
ya construida es muchísimo más difícil que hacerlo en una a construir. En esta
última podemos planificar su ubicación, diseño y construcción, de acuerdo a
cánones y reglas actuales, buscando no malgastar energía. Trataremos en
consecuencia las reglas enunciadas aplicándolas únicamente a las viviendas y
edificios a construir.
No son muchas:
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LOCALIZACIÓN EN EL TERRENO |
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FORMA Y ORIENTACIÓN DEL EDIFICIO |
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DISTRIBUCIÓN DE ESPACIOS INTERIORES |
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UBICACIÓN DE LAS VENTANAS |

Si se respetan estas reglas pueden ser
ahorradas significativas cantidades de
energía. No hay demasiados secretos, se
trata de adaptar la casa al clima que la
rodea y a la geografía del lugar.
Podemos, usar los elementos naturales a
favor o en contra. Si los usamos a favor,
probablemente contribuyan al ahorro de
energía. En general, los edificios se
parecen mucho en todas partes,
independientemente del clima en el cual
se encuentran. Esto no es lógico, pues el
clima de San Juan, por ejemplo, no es
igual al de Bahía Blanca.
Sin embargo un edificio alto es casi idéntico
en ambas ciudades.
Si ignoramos el clima, deberemos gastar
muchísimo dinero en sistemas de
calefacción o aire acondicionado que
mantengan un adecuado nivel de
confort.
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UBICACIÓN
Para contar con un edificio "ahorrativo", el primer
factor a considerar es la incidencia del sol. El
segundo, la incidencia del viento. Ambos están
relacionados con la elección del terreno y la
ubicación de la casa. El sol recorre un arco en el
cielo, que nace en el cuadrante este y muere en el
oeste. Esto no significa que el sol salga siempre del
este y se ponga en el oeste, por el contrario, sólo lo
hace dos días por año, el 21 de setiembre y el 21 de
marzo. En invierno sale del noreste y se pone en el
noroeste. En verano sale del sudeste y se pone del
sudoeste. En cualesquiera de estas épocas, al
mediodía, el sol está alto; en verano más que en
invierno.
El viento tiene direcciones, preferenciales, según la
estación sopla la mayor parte del tiempo desde una
determinada dirección.
El viento servirá para remover el calor indeseable acumulado en un ambiente.
Pero para ello, deberemos orientar las ventanas de manera tal que, en verano el
viento cruce la habitación, ventilándola. En invierno, ese mismo viento deberá
evitarse, cerrando las ventanas. El sol es importante entre las 9 y las 15 horas
en invierno. Fuera de este horario la cantidad de energía que llega es poca,
sólo un 10 % del total. El 90 % se encuentra alrededor de mediodía;
todo obstáculo, sea natural o
artificial que pueda tapar el sol en esas horas, impedirá que llegue la
radiación tan apreciada y ahorrativa. Será necesario estudiar a fondo las
sombras que proyectan los árboles y edificios adyacentes, para colocar la nueva
construcción tan apartada de ellas como sea posible. Esto es válido para el
invierno.
Para el verano, un árbol o planta que proyecte sombra sobre un edificio o ventana, puede ser la
diferencia entre confort y disconfort. Evidentemente, los árboles de hojas caducas son el ideal para esta
situación. Con hojas en verano, sin hojas y dejando pasar el sol en invierno. Los espacios abiertos en
un terreno, aquellos que deja libre el edificio, deberán ser estudiados con cuidado pues si no reciben
una buena cantidad de sol en invierno, probablemente nadie los utilice. Un patio con sombra en esta
estación es universalmente reconocido como muy desagradable y frío. Se ha desperdiciado la
oportunidad de contar con un espacio soleado para recreación.
La geografía del lugar tiene una fuerte incidencia sobre el sol y el viento. En la época estival, a orillas
del mar, por ejemplo, comienza por la tarde una brisa que refresca las calurosas habitaciones
calentadas por el sol. Si las ventanas están bien orientadas, sólo bastará abrirlas, y sin un centavo de
gasto se refrescará el ambiente.

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FORMA Y ORIENTACIÓN
La forma del edificio tiene gran incidencia en los consumos de combustible para calefacción y
refrigeración, que dependerán de la rigurosidad del clima en el cual está localizada la vivienda, pero
en general las formas posibles pueden relacionarse con las ganancias y pérdidas de calor.
Los edificios de una planta cuentan con más
superficie de paredes y techos que uno de dos
plantas con el mismo volumen. De los diseños
posibles, la forma cuadrada es la menos eficiente.
Se ha comprobado que el mejor edificio para
evitar el consumo de energía es él de forma
rectangular, con el eje mayor en dirección este -
oeste.
La forma rectangular alargada expone en invierno
su cara norte. Al recibir los rayos solares en su
parte más alargada, obtendrá también mayor
cantidad de energía. En verano, esta fachada
recibirá menor cantidad de energía solar que el
techo y las caras este y oeste, puesto que el sol
estará más alto.
Esta superficie de alargamiento, estará relacionada
con el clima. Cuanto más frío, menos alargamiento. Habrá que conservarlo compacto y con bajas
pérdidas. En climas cálidos, el concepto es el inverso; alargar las viviendas y permitir a través de las
ventanas un amplio barrido de la ventilación en las habitaciones. La forma alargada este - oeste
permitirá una buena iluminación, para lo cual las ventanas deberán estar relacionadas con el tamaño
de la habitación. Como el sol penetrará por éstas
en invierno, para que llegue al fondo del local su
profundidad no deberá ser mayor de 2 a 2 ½
veces la altura de la ventana medida desde el piso.

Así como el lado norte es el lado más privilegiado,
el sur es más castigado. Todas las pérdidas de
energía se producirán por allí, pues el sur casi
siempre permanece en sombras. Por tal razón es
conveniente disminuir la superficie expuesta en
esa dirección. La situación ideal es aquella en la
cual las paredes que dan al sur no tienen ventanas
o tienen pocas; en todo caso deberán tener una
fuerte aislación.
Además de no recibir sol, éstas sufren las contingencias de los vientos fríos del invierno. Una densa cortina de árboles siempre verdes, una pared alta o fuertes aislaciones son buenas
alternativas de solución.
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LOS ESPACIOS INTERIORES
Una excelente forma de reducir los consumos de energía en un edificio es pensar en la distribución
de espacios interiores con criterio conservacionista.
En grandes edificios, por ejemplo oficinas, la distribución de ambientes en grandes espacios sin
tabiques o paredes que separan pequeños espacios, crea una atmósfera de trabajo agradable, en tanto
la distribución de escritorios, bibliotecas, plantas decorativas, etc haya sido lograda con inteligencia
y buen gusto. Los espacios amplios no oponen obstáculos a los flujos y corrientes de aire desde los
núcleos centrales a la periferia, facilitando así la ventilación, la iluminación natural y la circulación de
calor o frío de un lado a otro.
La distribución de los espacios interiores debe
hacerse procurando colocar en la zona sur, más
consumidora de energía, los espacios que no
requieren calefacción o refrigeración, tal el caso de
baños, núcleos de limpieza, ascensores, etc. El
último piso es el que más alteraciones sufre, pues
al estar expuesto su techo al sol y al viento, las
variaciones de temperatura son significativas.
Resulta conveniente entonces ubicar en ese sitio
las salas de ascensores y demás espacios que no
necesiten climatización. En una vivienda, las
habitaciones que requieren una buena cantidad de sol son el comedor y los dormitorios. Los baños
pueden ser colocados hacia el sur, creando una cámara de contención que impida la fuga de calor por
esa cara del edificio. los pequeños galpones, habitaciones de depósito y garajes, son también espacios
susceptibles de situarse al sur y actuar como protectores de las pérdidas.
La orientación oeste es peligrosa en verano, pues a la tarde crea una zona donde se recibe una alta
cantidad de energía solar. Es importante crear allí también un espacio que actúe como pulmón
amortiguador.
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LAS VENTANAS
Las ventanas no solo son
medios de comunicación
visual con el exterior y de
iluminación natural para el
interior, sino que adquieren
importancia en el sistema de
calefacción de una casa.
El sol penetrando dentro de
un ambiente, contribuye a la
calefacción con una buena
cantidad de energía y sin producir gastos. Pero al mismo tiempo, las ventanas son aberturas por donde
se pierde energía principalmente de noche.
De todas las orientaciones posibles, en general la mejor es la norte. Su ángulo debe ser bajo para
facilitar la entrada del sol hasta el fondo de la habitación. Se obtiene tres veces más radiación solar en
la fachada norte que en cualquier otra.
Durante el verano, las ventanas así orientadas dejan entrar poco sol, y aún éste puede evitarse
mediante un alero o un árbol de hojas caducas. No es fundamental que las ventanas estén orientadas
exactamente al norte, y son aceptables variaciones de hasta 30º.
Una ventana adecuadamente colocada y dimensionada, es un factor nato de ahorro de energía. Pocos
elementos pueden competir en eficiencia. Por supuesto, en días nublados y lluviosos, poca energía
solar llegará a las habitaciones a través de las ventanas. En esos casos será necesario utilizar un sistema
tradicional de calefacción. Tomando una estadística de los días nublados, aun en esa circunstancia,
la ventaja económica será cuantiosa.
A medida que el clima se hace benigno la superficie de ventanas necesarias puede disminuir. En
climas templados, hay un cierto peligro de sobrecalentamiento en las habitaciones, que puede ser
obviado con una ventilación adecuadamente dimensionada.
El sobrecalentamiento se
evita si la radiación solar
incide sobre superficies de
mampostería macizas,
puesto que éstas absorben el
exceso de energía. En la
Argentina, los climas
templados abarcan desde los
20º hasta los 40º de latitud
sur, de tal forma que la
mayor concentración de
población se encuentra en dicha área. Es de interés, por consiguiente, tener en cuenta que el invierno
tiene menor o igual importancia que el verano. En general son más los días de calor que los de frío.
Hay que cuidar mucho las ganancias de calor en las casas y edificios. Una ventana mal orientada y de
gran superficie, puede ser la diferencia entre un local inaguantablemente caluroso y otro que no lo es.
El sol se evita sólo con elementos sombreadores. El oeste es la peor orientación, por lo que los rayos
solares deberán ser detenidos mediante persianas o postigones.
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AHORRO EN ILUMINACIÓN
Que la iluminación es necesaria suena a
redundancia, pues nadie dudaría de esta
afirmación. Sin embargo, es más común
encontrar viviendas mal iluminadas que
bien iluminadas. Desde nuestro punto de
vista ahorrativo, iluminar implica
consumir electricidad, lo que nos conduce
a considerarla según se trate de
iluminación diurna o nocturna.
La iluminación ahorrativa diurna es por
supuesto iluminación natural. Toda luz
encendida en horas del día es un ataque
frontal y directo contra los presupuestos,
sean familiares o empresarios.
Si la luz solar ha sido inventada hace tantos años
y funciona muy bien, ¿por qué hacer todo lo
posible para usar luz artificial en los ambientes?.
La iluminación natural debe provenir del sol, o
del cielo, que es un elemento natural difusor de la
luz. Teniendo en cuenta esta regla hay que prever
ventanas o aberturas suficientes en lugares
estratégicos. Una abertura al norte, ofrece
excelentes oportunidades de controlar la
iluminación para hacerla útil, por lo que se
deberán utilizar elementos sombreadores
horizontales y aberturas rectangulares para la
regulación. Las ventanas verticales son más
adecuadas para el este y el oeste. Se debe tratar de
evitar las cortinas, puesto que no impiden que el sol entre por el vidrio y una vez adentro, se convierta
en infrarrojo y quede atrapado por éste.
Las ventanas o aberturas altas, tienen mejor distribución de la luz cuando los locales son profundos.
El techo de tipo diente de sierra brinda excelente iluminación de locales industriales.
Las paredes y techos pueden ser utilizados como difusores de la
luz. La luz de las ventanas reflejándose sobre elementos
constructivos y el color claro de esto, reparte la iluminación en el
ambiente, haciéndola pareja y sin deslumbres. La forma del
edificio tiene un importante significado en la distribución de la
luz natural y las necesidades de iluminación. Para una misma
superficie cubierta, asumiendo correctos niveles de iluminación
en el centro del edificio y en el perímetro, se llega a concluir que
la forma cuadrada de varios pisos es la más conservativa.
Los colores de los revestimientos interiores tienen gran influencia
en la difusión de la natural, pues si son claros, reflejarán la luz y
provocarán su homogénea distribución.
Considerada parcialmente, la iluminación natural es mejor que
la artificial ya que con ella se logra un menor consumo de energía
eléctrica, pero analizado el edificio en su totalidad, esto es sólo
cierto en un aspecto. La iluminación natural no evita la
instalación de la misma potencia en iluminación artificial, puesto
que no siempre contamos con aquélla. Sólo cuando el sol está
presente, se reduce el número de horas de iluminación artificial.
Al aumentar la proporción de luz natural, es inevitable aumentar
el número de ventanas y aberturas por donde penetra la luz
solar. En este caso, se incrementa la oportunidad de infiltraciones a través de la carpintería y de
pérdidas de calor a través de vidrios. Este efecto es tanto más acentuado cuanto más frío es el clima.
Ponemos énfasis en los climas fríos, porque los cálidos no causan tantos inconvenientes dado que es
fácil colocar artefactos sombreadores a los cuales se les provea de niveles adecuados de luz. Habrá así
en un ambiente, zonas de alta y baja iluminación. Esto es común en las casas de familia, donde a nadie
se le ocurriría prender a pleno todas las luces disponibles para leer el diario. Por lo general se enciende
una sola lámpara que crea una zona de luz intensa, permaneciendo el resto del ambiente con menor
iluminación. En oficinas donde se ilumina totalmente el local, sin considerar las actividades a
desarrollar en las distintas áreas, se hace un gran gasto sin un beneficio real. La iluminación crea calor
residual, que aumenta las cargas de calor internas en los ambientes, y el gasto en refrigeración. Este
calor puede ser aprovechado en invierno para disminuir los consumos de calefacción. Generalmente
se crea una estratificación del aire tal que cerca del techo hace más calor que cerca del suelo. Esta
diferencia de temperatura puede ser aprovechada si se crea una corriente de aire vertical que
provoque la circulación de este aire hacia el piso.
 
Uno de los factores que más afectan al consumo de energía en iluminación es el encendido y apagado
de la misma. Las luces suelen permanecer encendidas a menos que expresa o automáticamente se las
apague.
Es absolutamente conocido que dejar en nuestras manos esta tarea, significa que jamás se apagarán.
Es conveniente por lo tanto, recurrir a llaves de corte con temporizadores, de tal forma que los
interruptores se activen a horarios prefijados y se desactiven de la misma forma. Es posible además
agregar controles que detecten niveles de iluminación sobre ventanas, que impidan la introducción
de rayos solares y la consiguiente disminución de la refrigeración necesaria.
La iluminación no tiene mucha relación con los vatios que consume la lámpara. En general esto
depende de la calidad del elemento y del principio de funcionamiento. Las lámparas de filamento o
incandescentes, tienen la más baja de las eficiencias, alrededor del 3% y con lámparas de gran potencia
la eficiencia aumenta poco. Esto significa que sólo el 3 partes en cien son convertidas en luz útil. Un
97% se pierde en forma de calor. Realmente son mejores calefactores que iluminadores. Los tubos
fluorescentes tienen una eficiencia mayor -alrededor del 9%- que en términos de iluminación significa
que a igual gasto se obtiene un nivel de iluminación tres veces superior. Por otra parte gozan de la
propiedad de ser más eficientes cuanto más largos son.
Las lámparas de descarga, del tipo mercurio o sodio, son también eficientes lográndose llegar al 11%.
El problema de estas lámparas es la coloración de su luz, tan apartada de la luz solar que las torna
inútiles en el interior de las viviendas. En cambio, para iluminación de exteriores, su empleo se ha
visto ampliamente difundido por su alto poder lumínico, menor consumo y mayor vida útil.
La planificación de la iluminación es importante en el ahorro de energía. El mejor diseño de sistemas
de iluminación es colocar artefactos que provean la máxima iluminación necesaria para cada tarea, y
no la máxima a todo un local por amplio que éste sea, porque ello significa derrochar energía.
La distribución de las llaves de luz en casas o edificios, es también de gran significación. Una buena
ubicación de las llaves de encendido facilita el control de las luces por áreas.
De nada valdrá una buena distribución de llaves si se las instala todas frente a la puerta de entrada
y sin señales que las distingan. Esto inevitablemente termina con el encendido de todas las lámparas
al no poderse distinguir a qué zona pertenece cada una de ellas.
Finalmente, la limpieza periódica de las lámparas puede aumentar hasta un 25% los niveles de
iluminación.
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AHORRO EN CALEFACCIÓN
Desde que el hombre primitivo aprendió a usar el fuego
para calentar su ambiente o permanecer a la intemperie al
rescoldo de las brasas, los sistemas de calefacción se fueron
perfeccionando sin variar su sentido originario; utilizar el
fuego como fuente de calor. En la actualidad todo sistema
de calefacción puede dividirse en: generador de calor,
combustible, distribuidor de calor y unidades terminales.
La generación comprende las calderas, estufas y todo
artefacto que mediante algún elemento convierte
combustible en calor útil a través de un proceso de
combustión. Como hay combustión presente, debe haber
una chimenea que evacue los gases de la combustión.
Además la combustión necesita aire para realizarse. En
estos dos aspectos, se pueden efectuar grandes mejoras,
puesto que toda chimenea es una oportunidad abierta a las
pérdidas de calor. En un sistema de calefacción que esté mal diseñado y mantenido, las pérdidas en
la chimenea pueden ascender al 30 ó 40% de las calorías entregadas por el combustible. Esto significará
que estamos calefaccionando el aire exterior, en lugar del ambiente o los locales. Por supuesto éste es
un caso extremo, pero desafortunadamente mucho más frecuente de lo que se puede esperar.
El escape de calor en una chimenea está
definido por el tipo de chimenea, su
limpieza y la forma en que el sistema de
generación quema el combustible y
transmite el calor al medio distribuidor.
En general, el escape de calor por una
chimenea es tanto mayor cuanto menor
recorrido efectúa la llama del quemador
dentro del sistema de generación de
calor.
Una caldera de triple paso, hace dar tres
vueltas al gas caliente que sale del
quemador. En este triple pasaje, la
transferencia de calor es tres veces mayor
que un sistema de un solo pasaje. El
mejor índice de las bondades de un
sistema de producción de calor es la
temperatura de los gases en la chimenea y el contenido de CO2 en ellos. Cuanto más fríos sean los
gases en la chimenea y mayor contenido haya de dióxido de carbono, mejor será la combustión y la
transferencia de calor.
La limpieza de la chimenea es fundamental, pues al aumentar el contenido de hollín se dificultará la
evacuación, impidiendo una buena combustión.
El quemador es un elemento sobre el cual se ha trabajado mucho en
los últimos años, obteniéndose resultados excelentes mediante la
utilización de precalentadores de combustibles y una buena
vaporización del mismo en los picos del quemador. Hay
quemadores donde la eficiencia llega al 98%.
No hay peor inversión que la compra de un elemento de calefacción
de baja eficiencia. Con el tiempo costará varias veces más que haber
adquirido los de primera categoría.
El quemador debe ser calibrado por el "service" para bajar, en lo posible, las temperaturas de chimenea
y aumentar el volumen de CO2. El sistema de distribución de calor es la fase siguiente en la cadena
de calefacción y puede consistir en vapor, agua o aire caliente. De los tres sistemas, el de vapor es el
que presenta mayores ventajas en rascacielos o edificios tipo torre, donde debe transportarse la energía
a grandes distancias. los sistemas de agua caliente son indicados para conducir calor a menores
distancias como es el caso de edificios o viviendas de pocos pisos. El aire caliente en cambio, deberá
restringirse a ambientes o distancias pequeñas. Estas diferencias definen además las eficiencias de
funcionamiento de los sistemas. Un sistema de calefacción por aire caliente donde el aire debe ser
llevado a grandes distancias, será menos eficiente que uno en el cual el aire caliente es generado en
el lugar mediante la transferencia de calor desde una serpentina por dentro de la cual circula agua
caliente o vapor. Si el edificio es de gran tamaño, la utilización de vapor permite el empleo de cañerías
de menores diámetros con el consiguiente ahorro de dinero. En todos los casos de transporte de calor
a distancia deberá colocarse aislante en las tuberías y su espesor debe ser suficiente para minimizar
las pérdidas de calor desde las calderas a las unidades terminales.
No importa si las tuberías van por dentro de las
paredes, por albañales o por huecos en muros. En
todos los casos, las pérdidas de calor serán
importantes si los caños están expuestos. El
espesor de aislante a usar será en función de la
temperatura interior de la cañería y del lugar por
donde se desplaza. A mayor temperatura y mayor
exposición a la intemperie, mayor espesor de
aislante. El ahorro será de un 5% del consumo
total.
Las unidades terminales son aquellas destinadas
a dar el calor generado en las calderas o estufas.
Existen diversos tipos de unidades terminales; la
más popular es la estufa que trae un quemador
incorporado y quema el gas en el mismo
ambiente. En general la eficiencia de estas estufas es muy baja, no superando el 60%. El resto se
elimina al exterior por la chimenea. Tienen la ventaja del bajo costo inicial, y la desventaja de la baja
eficiencia que transforma en costoso su funcionamiento. Como la calefacción es individual, el
propietario cree que está gastando menos pues las estufas están encendidas sólo en aquellos ambientes
donde le resulta necesario. Esto no es exacto.
El consumo individual es alto debido a que el sistema de control es individual por aparato. Si se
encendieran todas juntas las estufas de una casa, gastarían un 20 ó 30% más que un sistema central
bien diseñado. La compensación por un menor valor inicial es un mayor valor de consumo y menor
vida útil.
Los sistemas de calefacción tanto en viviendas como en edificios del tipo losa o piso radiante, donde
las cañerías de distribución que transportan agua caliente están embutidas en las losas de la
construcción, son sistemas altamente popularizados por el bajo costo inicial. Este sistema, actúa por
radiación y crea confort por responder el cuerpo a los niveles de irradiación mejor que a los aumentos
de temperatura del aire. Es por lo tanto un sistema recomendable desde el punto de vista fisiológico,
pero al tener una gran inercia térmica, es de mayor consumo de combustible. Esto se puede solucionar
si se colocan controles que lo corten o pongan en funcionamiento para el caso de que la temperatura
exterior lo demande. Pueden emplearse además válvulas de mezcla, sacando del control humano la
operación del sistema. Señalamos esas malas costumbres de los consorcios de colocar reglamentos
al funcionamiento de los sistemas de calefacción, como si la temperatura del aire exterior siguiera
algún reglamento. Un control tiene un costo ínfimo comparado al costo total y ahorra mucho más que
mil reglamentos. Los difundidos radiadores son excelentes desde el punto de vista de la utilización
de la radiación para calefacción. Ofrecen además una mayor posibilidad de control individual unido
a una menor inercia térmica, que evita el consumo innecesario de calefaccionar las estructuras del
edificio, como es el caso de la losa radiante. Cada radiador debe tener una válvula termostática
individual con la cual el control de temperatura se efectúa ambiente por ambiente, aumentando la
eficiencia con menos consumo.
Finalmente, los sistemas de calefacción con aire caliente son los que ofrecen la menor inercia térmica
y más rápida respuesta al calor.
El tamaño de un sistema de calefacción dependerá de las pérdidas de calor que deba cubrir. Cuanto
mayores sean éstos más grande la caldera o estufa a utilizar. Un edificio de paredes con poco vidrio
tendrá mejor pronóstico en cuanto al consumo de combustible. Los modernos edificios de paredes
enteras de vidrio, son verdaderos monstruos consumidores de combustible.

Mediante un estudio de las
pérdidas de calor aplicando lo
visto anteriormente para
reducirlas, se puede llegar con
facilidad a un ahorro del 40% en lo
que consumen estos edificios.
Es fundamental tener en cuenta las
fuentes internas de calor, como
motores, luces y personas. Un
teatro con gente en su interior, no
consume en absoluto lo mismo que
si la gente no estuviera. Es por ello
que se deberá prever no solo el
equipamiento para calentar el
edificio considerando que no hay
gente, sino también los controles
para modular quemadores y bajar
los consumos de combustible cuando hay público en la sala. Así como éste son muchos los ejemplos
donde se puede contar con fuentes internas de calor.
En cuanto a las luces si se las toma adecuadamente en cuenta, contribuyen en gran medida al ahorro.
Existen casos donde la correcta utilización de las luces y de flujo de personas, unido a ganancias de
energía solar por las ventanas, permiten la eliminación total de los sistemas de calefacción.
Las fuentes internas de calor son habitualmente olvidadas en el diseño de sistemas de calefacción en
edificios y viviendas, motivo por el cual se sobredimensionan. Las escuelas son uno de los mejores
ejemplos de sobre-dimensionamiento, pues al no tomar en cuenta a los niños dentro de las aulas, los
sistemas resultan totalmente desproporcionados y causan no pocas molestias a educandos y
educadores.
Siempre que sea posible, conviene dividir el sistema de calefacción en unidades de menor capacidad
individual, de tal forma que la sum | |