Mientras
se habla de crisis energética, de exportar energía y de la
necesidad de aplacar, con estrategias de bajo consumo y el empleo
de sistemas alternativos, un poco el ahogo que sufre la atmósfera
de tanto recibir enormes dosis de gases de invernadero, en la
apartada Puna norteña se instala como posibilidad el uso de
paneles solares.
Lo
hace con una calma tan suave que recuerda a la de las siestas
provincianas siguiendo el propósito de aplacar el ansia que
palpita en los pobladores en una región aislada, donde el sol es
el recurso más abundante.
Una
de las personas que actúan para que se extienda el empleo de la
energía solar como alternativa es Bárbara Holzer. Alemana de
origen, puneña por amor al paisaje del altiplano, esta mujer que
se detuvo en el nordeste a fines de la década del 80 diseña y
construye cocinas, calentadores y hornos solares para que los
pobladores puedan vivir con mayor comodidad y evitar la destrucción
de la vegetación.
A
esos solitarios rincones del mundo, donde el cielo carece de límite,
Holzer llegó junto a su marido, geólogo e hidrólogo de profesión.
Primero vivieron en una mina de cobre y plata ubicada cerca del
Paso de Jama, a 4300 metros sobre el nivel del mar, luego se
mudaron a la ciudad de Abra Pampa (3500 m.s.n.m.) donde su marido
trabajó durante dos años en un proyecto minero.
Antecedentes
Enamorada
de la zona, vivió en contacto con los puneños, conoció sus
penas y sus alegrías y la difícil situación socioeconómica que
muchas veces obliga a los habitantes a dejar su familia, sus
tierras, sus llamas y ovejas para emigrar a otras regiones del país
o al exterior, donde siguen poblando los barrios populares de las
grandes ciudades.
"Estuvimos
en pueblos donde no se conocían ni la luz eléctrica, ni el agua
potable. Visitamos escuelas en las que los chicos tenían que
traer la leña para poder asistir al comedor escolar porque la única
fuente de combustible accesible en esta zona es la tola, arbusto
leñoso de tamaño mediano que recolectan en las sierras, y la queñoa,
un árbol que ya se encuentra en vías de extinción. Di clases en
un colegio en el cual los niños debían soportar, sin calefacción,
durante el invierno temperaturas de diez grados bajo cero",
comenta Holzer.
Profesora
de biología, observaba los síntomas de una progresiva
desertificación en amplias áreas de la Puna. "Vivíamos
-recuerda- bajo el sol radiante y el cielo despejado en la alta
montaña y comprendimos el enorme potencial que tiene la energía
solar en estas latitudes. En 1989 empezamos a construir los
primeros hornos solares y calentadores solares para el agua."
Lo
hicieron con la colaboración de la embajada de Alemania y de la
Dirección Provincial de Minería.
Más
adelante lo hicieron con la Dirección Provincial de Agua Potable
en un pequeño proyecto piloto destinado a promocionar el uso de
cocinas solares para potabilizar el agua en lugares tan alejados
de los grandes centros poblados que es imposible conectarlos a una
red de agua corriente.
"Uno
tiene que tener en cuenta que una familia típica de seis personas
necesita a diario como mínimo cerca de veinte litros de agua para
su consumo en forma de bebidas frescas, infusiones y sopa. Hervir
semejante volumen de líquido en forma tradicional requiere
grandes cantidades de leña que tienen que ser extraídos del
medio ambiente de la zona", explica la especialista.
Para
medir las consecuencias sobre el ecosistema realizó en 1998 con
la Fundación Ecoandina un estudio piloto sobre el impacto
ambiental del uso de la leña en la Puna. Un pueblo de
aproximadamente 150 habitantes consume cerca de cien toneladas de
tola a lo largo de un año sólo para satisfacer las necesidades básicas
de sus habitantes.
"Semejante
pérdida de materia orgánica supera las capacidades de recuperación
natural de los frágiles ecosistemas." Dice, aparte, que las
consecuencias son visibles: muchos pueblos carecen de vegetación
natural y prolongadas áreas muestran signos de degradación de
los suelos y de desertificación avanzada.
"El
Consejo Federal de Inversiones (CFI), junto con la provincia de
Jujuy está ejecutando el programa Energía solar a
comunidades rurales (Ensocor), un proyecto piloto que impulsa el
aprovechamiento integral de la energía solar con aplicaciones
solar-térmicas y fotovoltaicas.
Productos
nacionales
Aunque
las primeras cocinas solares fueron importadas, en la actualidad
se fabrican en la zona. El grupo Proyecto de Integración y
Rescate de la Cultura Andina (Pirca) produce cocinas solares parabólicas,
hornos y colectores para el agua caliente en Tilcara y la empresa
jujeña Magna Construcciones SRL efectuó pruebas piloto para
construir cocinas solares comunitarias.
En
los últimos años la Empresa Jujeña de Sistemas Energéticos
Sociedad Anónima (Ejsedsa), que atiende las áreas dispersas en
la provincia de Jujuy, ha llevado electricidad a las escuelas
rurales y a la mayor parte de los pueblos puneños a través de la
instalación de paneles solares, aerogeneradores o por
microturbinas.
"La
energía solar es ideal para esta región por ser una zona de alta
radiación", explica el ingeniero Carlos Arias de Ejsedsa,
compañía fundada en diciembre de 1996 propiedad de la Compañía
General de Electricidad de Chile y a José Cartelone
Construcciones Civiles SA, de la Argentina.
María
Teresa Morresi